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Ricardo Cepeda “el bardo Colosal”

Ricardo Cepeda

Ricardo Cepeda


…Transcurrieron las más de 14 horas del trabajo de parto. María Olivares pasó la noche del viernes 7 de noviembre de 1952 oyendo, como primeriza, los consejos de la comadrona que la acompañaba en su casa de la calle Santa Elena, en Maracaibo. El esposo, José Ángel Cepeda, aguardaba en la sala el nacimiento de su primogénito: Ricardo José. Al mediodía del sábado, la partera aconsejó llevar a doña María al hospital. A las 2:00 pm ingresó a la Maternidad Castillo Plaza, donde nació a los pocos minutos el folclorista que mañana cumplirá 52 años, de los cuales ha dedicado 35 a la gaita, su pasión.

Para Ricardo, su madre, a quien llama mamacita, simplemente “lo es todo”. Por línea materna heredó el gusto musical, al igual que sus 11 hermanos: Rafael Ángel, Roy, Rixio, Ruth María, Raiza, Ricaurte, Rujaira, Renny, Rosa, Reina y Rina. “Todos cantan y han grabado”, señala la progenitora.

El matrimonio Cepeda Olivares es actualmente uno de los más famosos en el barrio Panamericano (oeste de Maracaibo), a donde llegaron a formar hogar hace cinco décadas. Por las mismas calles que anduvo para hacerle los “mandaos” a mamacita, caminó hacia el Colegio Panamericano y se inició como cantante, a los 12 años, con el conjunto Los Tauros y Los Ciclones. Hoy cuando ven pasar la camioneta Blazer, todos saben que adentro va Ricardo. Muchos lo persiguen hasta la casa de sus padres para invitarlo a cantar, a compartir unos tragos o preguntarle sobre Los Colosales o Los Marabinos, las dos agrupaciones que fundó y dirige. Con la primera, pasea su voz por la gaita. Con la segunda interpreta décimas, valses, bambucos, danzas y contradanzas.

La infancia

“Fue un niño sano, tranquilo, aplicado en sus estudios. Sus notas eran de 18 puntos y cuando sacaba 20 venía contento”, comenta la madre. Con el papá aprendió las pisadas del cuatro y fue él quien le hizo las primeras tamboras. Cuando tenía ocho años se iba los sábados con su abuelo, Rafael Navea, a trabajar en la Plaza Bolívar, donde atendía unas mesas llenas de mercancía.

“La madre era amorosa con él, pero dura a la hora de corregirlo pues no le permitía nada proclive hacia lo malo. Le recriminaba una grosería, era estricta, pero al mismo tiempo le inculcaba valores y principios”, dice el abogado William Briceño, amigo y autor de la biografía de este intérprete afamado.

Ricardo Cepeda

Ricardo Cepeda


Casi siempre los “mandaos” que hacía eran ir a fiar o a comprar la comida en la bodega del señor Ramón. “Ese hombre era un jodedor y cuando despachaba en la tienda decía siempre ‘de huevo y leche’. En una ocasión, al regresar Ricardo de la tiendita le dijo a la señora María ‘mamacita aquí tenéis la carne y los plátanos, de huevo y leche… se podrán imaginar cuánto lo regañaron por repetir, a los seis años, la broma”, evoca Briceño.

“Yo agarraba la lidia con tantos muchachos, no los dejaba jugar en la calle, estaba pendiente de la comida, de la limpieza, de la ropa planchada, del colegio… a veces les pegaba. Su padre a ninguno le pegó”, sostiene doña María.

Los niños se entretenían en casa haciendo volantines y estudiando. El presupuesto familiar era escaso y aún así en Navidad el Niño Jesús nunca dejó de traer los 12 regalos.

En diciembre los zapatos que estrenaban para Nochebuena debían ser cuidados para volverlos a usar el 31. Un 24 de diciembre no alcanzaron los reales para comprar el calzado de Raiza y Ricardo, de ocho años, tomó el dinero que le había dado el abuelo por su trabajo y le dio a la hermana un par de zapatos. “Ese gesto te habla de la estatura humana que ya tenía”, refiere el abogado.

Dos hechos políticos lo marcaron en la niñez. No olvida la caída del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez ni el asesinato del presidente de EE UU, John Fitzgerald Kennedy.

Cuando a Kennedy lo mataron, Ricardo vio que su mamá lloró. Notó que cada vez que encendían el televisor todos hablaban sobre lo ocurrido en Dallas, Texas. El crimen lo lleva aún a no perderse ninguna película o escrito que describa o analice ese hecho.

Surge “El Colosal”

De niño cantaba las gaitas de su maestro de aula en el Colegio Panamericano, Ricardo Aguirre González. Ha impuesto más de 100 temas. Cantó “Amor de madre” con Los Tucusones y con Cardenales del Éxito comenzó a grabar en 1970. “Gaitero toca la gaita/ con su ritmo sin igual/ no la dejéis de tocar/ porque esta gaita es hermosa/gaitero que está sabrosa/ sandunguerita y picante/ y todo aquel que la cante/ le gusta por pegajosa”. Ese es el estribillo del tema de Eurípides Romero, “La pegajosa”, el primero que cantó con ese conjunto.

Ramón Romero, tamborero, recuerda que “El Negrito” (así lo llaman los amigos) llegaba a la casa de Pedro Suárez -director de los pájaros rojos- y se paraba en la baranda para escuchar los ensayos. Corría la temporada gaitera de 1969.

En noviembre de ese año ocurre el accidente vial que segó la vida de El Monumental. La muerte de Aguirre lo sorprende. Tiene 17 años y hoy lamenta que no hayan sido amigos. “Tuvimos contacto como maestro y alumno. Lo admiré, admiro y lo haré siempre”, dice.

Ha habido siempre un tema que ha apasionado a la gente: la semejanza entre Aguirre y Cepeda. Ambos se llaman Ricardo José, son miopes. Aguirre le dio clases y falleció el 8 de noviembre, cuando Cepeda cumplía años. La tesitura de sus voces son muy parecidas. Al hijo de doña María lo han llamado “imitador”. Humberto “Mamaota” Rodríguez, compositor, señala: Cepeda tiene una de las voces más armoniosas de Venezuela.

“En casa lo bautizamos Ricardo Cepeda Aguirre. Mis hijos y mis hermanos lo quieren mucho. Vemos en él una velita encendida que en el recuerdo tenemos siempre a El Monumental. Muchos quisieron ‘quemarlo’ diciendo que era un imitador de mi hermano, pero supo sortear obstáculos y llegar a la cresta de la ola”, manifiesta Renato Aguirre.

“En el nacimiento de mi amistad con él está metida la mano de Dios. Se ausenta definitivamente mi hermano y viene un retoño a nuestras vidas: Ricardo Cepeda, a quien conocí gracias a Douglas Soto (furrero). En Cardenales, tras la muerte de El Monumental, quisimos mantener su recuerdo y quien vino a cultivar ese estilo fue Cepeda, porque en en el timbre y estilo vocal se asemejan mucho”, continúa.

“Aleluya a la gaita quiero/Aleluya a la gaita adoro/por ser el tesoro/del maracaibero”. Ese tema lo escribió Renato para su hermano, pero sucedió el accidente. Fue grabada entonces en 1971 por Cepeda. “Esa gaita fue un eslabón, nos unió como amigos”.

La dupla Aguirre-Cepeda ha impuesto muchos temas. En la voz de El Colosal -como bautizó Octavio Urdaneta a Cepeda- han sonado Bambuco, Celestina Aurora, Pétalos de Aurora y Aquel Zuliano. “El éxito de esa gaita, grabada en 1980, es un jonrón dado por Cepeda que aún no ha caído”, afirma el compositor.

Voz privilegiada

A los 25 años llevó el folclor zuliano por todo el cono sur. Como invitado de la embajada cultural viajó durante más de dos meses por Brasil, Perú, Argentina, Uruguay. “Me emociona el sólo imaginar el impacto que debió causar en aquellos escenarios las interpretaciones de Ricardo. Eran desconocidas para ellos, pero la carga de sentimiento, zulianidad y tradición seguramente hizo de esas presentaciones un regalo musical apreciado por todos”, dice el maestro Rafael Rincón González.

Ricardo Cepeda

Ricardo Cepeda


Mientras duró la gira enviaba postales a su madre. En Uruguay actuó en el Show de Elio Roca, conocido folclorista; y en Perú en el del fallecido Nicomedes Santa Cruz. Hizo dos programas para el Canal 9 de Buenos Aires. El embajador de Venezuela en esa ciudad le hizo una recepción y decretó día de asueto para agradecerle su aporte musical.

“Mi vida es cantar” ha dicho miles de veces y para perfeccionarse contó con un maestro de excepción: el tenor Alfredo Sadel, quien fuera su concuñado. De él aprendió a controlar la respiración y trucos para la vocalización. Cantaron juntos en el Hotel Maruma.

Desde hace dos años los lunes, miércoles y viernes comparte con Moraima Gutiérrez y Orlis Viloria la conducción del programa radial “La gaita antañona”. Los domingos toma los micrófonos en “Zulianizando”. Gutiérrez lo describe como un hombre tenaz y auténtico.

“Tiene una voz privilegiada y como compañero de trabajo debo decir que es muy cumplido, respetuoso y preocupado por transmitirle a la audiencia su conocimiento. Va con todo el mundo, es cordial en el trato, se ha sembrado en el corazón de la gente. Vivió la época de oro de la gaita y yo he aprendido muchísimo de él”, expone.

Quienes trabajan o cantan con él lo ven exigente. Le gusta que la gente cumpla lo que promete. “No es malhumorado”, dice Gutiérrez. “Es muy bromista, pero alza la voz cuando está molesto”, advierte Romero. “Le gusta ser perfeccionista, es perseverante y maneja unos códigos de rectitud bastante fuertes”, apunta Juan Carlos Córdoba, flautista de Los Marabinos.

En esa agrupación valoran de “El Negrito” su honestidad, sencillez y humildad. Saben que se emociona cuando interpreta “Zulianidad”, “Imposible olvidarte”, “Las mirlas” y “Canto a mi Toas”.

Tan enamorado como un “tuqueque” dice la madre que fue en la juventud. Tiene siete hijos y al casarse por segunda vez lo hizo con Marlene Bernal. Los primeros cuatro nietos complementan su felicidad. Vive en la urbanización San Rafael y nadie se pierde al buscar la residencia: se llama “Gaiterísima” y en el porche hay una imagen de la Chinita, de quien es devoto. A Ella regala, anualmente, su voz durante la tradicional bajada y la recibe en la Basílica al finalizar la Procesión de la Aurora.

Disfruta al llevar serenatas a las casas de sus amigos. Viajar con la familia le depara placer, le gusta contar chistes y amanecer ensayando con Los Colosales en la playa de su propiedad, situada en el municipio Santa Rita.

Bailar y tocar chimbángueles a San Benito le fascina, cuenta Marlene Bernal, esposa de Ricardo desde hace 19 años. “Él es muy cariñoso con los hijos. Es perseverante y apasionado. Lo que quiere lo persigue y lo consigue”, afirma.

Donde él se encuentra hay siempre alegría, asegura Ramón Romero. “¡Hay que ver cómo disfruta un diciembre! Se compra todos los cohetes del mundo… parece un muchachito”.

INTÉRPRETE

Popularizó las gaitas: Mi ruego, Ceuta, Mi ranchito, Sabor añejo, Maracaibo inmensa, Te acordáis saladillero, Madre es madre, La ranchería, Alguien canta, Sentir zuliano, La historia de la grey, Quién mató a Lola, Mi hermano, Mi nostalgia, El barrio de mis andanzas, Gaiteros viejos y Mi vida es cantar, entre otras.

CANTÓ en las filas de Armonía Gaitera, Luces del Catatumbo, Cardenales del Éxito y Universidad de la Gaita.

-Fresca está la madrugada/y en la aurora maracucha/una inmensa voz se escucha/ es el bardo que en parranda/cantando sus gaitas anda/deleitando a quien le escucha. Tema: Aquel zuliano. Año 1980

-Ricardo Cepeda gaiteaba a los 12 años con el conjunto Los Tauros, formado por sus hermanos y vecinos del barrio Panamericano.

Tomado del diario Panorama

Cantante, Compositor, Cuatrista , ,

3 Comments to “Ricardo Cepeda “el bardo Colosal””

  1. No hay persona que mas que tener buena vos interpretacion ,personalidad humildad respeto asia el progimo como lo es ricardo sepeda .Cada ves que escuchu ,Ni ranchito mis hijas me preguntan porque lloro,solo les miro los ojos dando gracis a dios por permitirme averles dado un hogar donde escampe afuera y ellas esten acovijadas adentro.Dios le vida y salud al colosal RICARDO CEPEDA-

  2. eres el mejor cantante de gaita del muldo hermano saludos desde trujillo

  3. carlos landaez delgado

    Digno heredero del Monumental! Tienes tu propio estilo, el publico está tranquilo con Ricardo el Colosal!

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