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A la som bra generada por los verdes chaguaramos
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lo vimos cuando pasamos pintando a su hermosa amada;
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la fiebre policromada de la tarde caraqueña
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me dijo en forma risueña lo que siempre sospeché:
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Los amores de Cabré con la montaña avileña.
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Los amores de Cabré con la montaña avileña.
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Con dulzura impresionista sin buscar la vanagloria
Manuel vive en la memoria de su pincel paisajista.
El Ávila lo conquista pretendiendo ser su dueña
y el pintor mismo se empeña en divulgar lo que sé:
los amores de Cabré con la montaña avileña.
Desnudando el corazón de la montaña de flores
le cuenta de sus amores al amigo Reverón
quien sufre de una pasión, de una pasión ribereña,
y mientras el pintor sueña en décimas cantaré
los amores de Cabré con la montaña avileña.
La belleza creadora hizo el amor más intenso,
pero con tristeza pienso que llegó la mala hora
cuando la mano pintora dejó de hacer su reseña
y en la tarde caraqueña por siempre recordaré
los amores de Cabré con la montaña avileña.
Se inscribe en la Academia La Grande Chaumière, permaneciendo en la capital francesa hasta 1930. En 1931, se instaló definitivamente en Caracas. De 1941-45, asumió la dirección de la Academia de Bellas Artes;en 1951, ganó el Premio Nacional de Pintura.
Manuel Cabré pintó al Ávila desde casi todos los puntos de vista de la ciudad de Caracas.

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